Este río se encuentra a 20km bajo el océano atlántico, tras ingerir siete platos y tres cuartos de marfil de elefante y dos pelos de caballo, después solo hay que cerrar los ojos y contar 4 horas exactas de viaje en tren por el océano, después dejarse caer en la superficie oceánica y dejar que la grasa acumulada tras ingerir semejantes "alimentos" haga el resto.
Una vez pasada la barrera del sonido debido a la velocidad acumulada en la caída por el agua, aparecimos colgados de una hoja de un tono anaranjado tipo quemadura de 3° grado. La hoja cayó, arrastrándonos a nosotros al suelo, y tras recuperar la conciencia, nos dimos cuenta de que ante nosotros había un delicioso arroyo habitado por nuestras amigas las pirañas, que nadaban alegremente evitando ser devoradas por los unicornios albinos.
Por suerte, los unicornios dejaron en paz a las pobres e inofensivas pirañas (y se centraron en atravesarnos a nosotros con una especie de tumor picudo que les salía de la frente), tras esto, continuamos nuestro camino por las resbaladizas piedras-tortuga que teníamos que pisar con sumo cuidado para no romperlas.
Tras andar unos dos metros sin descanso, llegamos a las Montañas del Norte (o del Sur, aún no se sabe) donde vive la malvada (o eso nos pareció a nosotros) Reina de las Ramas. Ella nos invitó a comer un delicioso manjar (envenenado, seguro) mientras nos ponía las noticias en su pequeña televisión de plasma (envenenado). El rey de Bastos se ha ido.
La Reina pronto mostró su faceta más terrible ofreciéndonos un carruaje que nos sacaría de su reino del terror, con minibar gratuito y sofás de 9 pulgadas.
La experiencia ha sido aterradora y lo único bueno que destacaríamos del día es el rato que estuvimos jugando con las pirañas a los mordiscos amistosos.
(Entrada enviada desde ChachiMóvil a las 16:00, Hospital del Corasón Robao)
Selfie nada más llegar al Río Mágico de las Hojas Caducadas (Si cierras el ojo derecho y luego el izquierdo se nos ve con más claridad)
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